Isidro el Sabio, padre de mi suegro Diego Romero, se supone que a principios del siglo pasado, se afincó en Cabo de Palos, con una tienda de comestibles y demás artículos complementarios, para atender a los escasos habitantes de este rincón, compuesto exclusivamente de pescadores, fareros y puestos de vigilancia costera.
Su vecino, Diego Rebollo, se ocupaba de la venta del pescado.